Octubre 17, 2009
in memoriam
Montes, ¡¡¡jugón!!!!
Pasamos de dormirnos en las madrugadas NBA con los comentarios de Trecet, a despertarnos insomnes con una sonrisa por las muletillas aprendidas la noche anterior. Gracias por enseñarnos que con el baloncesto la vida puede ser maravillosa.

Octubre 07, 2009
casas del mar
Umi no ie (casa del mar) es como se conoce a los chiringuitos playeros en estas tierras. Casetas prefabricadas de todos los tamaños que por un "módico" precio te permiten comer, descansar en sus tatamis esmerilados por la arena, o simplemente tomar una ducha antes de regresar a casa. Algunas son fugaces construcciones que aparecen como hongos después de las lluvias de junio, mientras que otras, en playas especialmente grandes, se resisten a desaparecer con la llegada de los primeros tifones y permanece solitarias y silenciosas, salvo por el lamento de algún postigo mal cerrado. En la época en la que estamos hace tiempo que los chiringuitos desaparecieron, y sus propietarios, exhausto su espíritu emprendedor tras la temporada estival, ni contemplan la posibilidad de abrirlos uno de esos fines de semana en el que el sol brilla con fuerza como resistiéndose a la inevitable venida del otoño.
Un día como el del pasado domingo. Último baño del año.

Septiembre 16, 2009
yes we can
Quizás desde fuera el cambio político en Japón se ha visto con cierto pragmatismo. A fin de cuentas ha sido pasar de un gobierno de derecha a uno de centro derecha, formado por antiguos y resentidos militantes del sempiterno partido en el gobierno (PLD, Jiminto). Sin embargo, en Japón el cambio generado tanto antes como después de las elecciones bien podría compararse con el efecto Obama. Sí, la inutilidad de los tres últimos presidentes ha tenido mucho que ver, al igual que la actual crisis mundial y la demasiado larga recesión económica japonesa. Pero sin el efecto regenerador de la madre patria yankee, quizás el cambio no hubiese llegado. Y no hubiese llegado por el terror al cambio de la conservadora sociedad japonesa. Siempre que el partido en la oposición se acercaba lo suficiente en las encuestas, el Jiminto recurría a su mantra infalible para convencer a los electores: "El partido en la oposición no tiene experiencia para gobernar".

El Jiminto o Partido Liberal Democrático estuvo la friolera de 54 años en el poder, muy a la par del PRI mejicano y sus casi 60 años. Sin cambio en las estructuras de poder, no es difícil imaginarse como la clase política japonesa se convirtió en un sistema de castas muy arraigadas en el mundo empresarial y en el de las grandes familias. Incluso el actual presidente Hatoyama, hijo de un primer ministro, no se libra de pertenecer a un sistema endogámico en donde la renovación brilla por su ausencia.
Con Hatoyama se espera una revolución a la japonesa -apocada y con insignificantes cambios, que sn embargo invitan al optimismo. Y no hablo de políticas de cara a la galería como la prometida reducción de CO2, sino de esa rebeldía que expresó el propio Hatoyama en su famoso artículo del NYT. Aunque después rectificó, entre líneas se podía leer un manifiesto que a ojos cubanos podría traducirse como "hay que luchar contra el imperialismo yankee". Y es que los americanos pierden a un viejo aliado. Pierden a un partido que prácticamente MacArthur colocó en el poder, y que hasta ahora y salvo algunas voces disidentes de ultra-derecha, se había dejado conducir dócilmente desde Washington. De ahí que una vez con Hatoyama en el poder, el artículo cobrara relevancia hasta el punto de hacer saltar las alarmas de la diplomacia.

Veremos en que acaba esta aventura política japonesa, aunque de momento, el cambio invita al optimismo.
Enero 12, 2009
japón oeste // día 5
Aunque el dormir al arrullo de las olas me había abierto el apetito, lo primero que hice al levantarme -antes incluso de tomar el zumo de naranja mañanero, fue subir el pequeño camino que desde la cala donde había acampado conducía hasta la cima del acantilado. En la cima, una placa conmemorativa junto a un pequeño faro recordaba el lugar donde se alzaba el castillo de Unomaru. Construido en 1571 por el clan Mori, y a cargo de los samurai al servicio de la familia Naito, este castillo fue de vital importancia para proteger los envíos de plata, que provenientes de las cercanas minas de Iwami Ginzan, salían con destino a España previa escala en México o Filipinas.
La historia se empezaba a hacer palpable en este enclave patrimonio de la humanidad, así que sin más dilación me aventuré al corazón de esta singular área histórica: Las minas de plata de Iwami Ginzan. Descubiertas a principios del siglo XIV, su explotación a gran escala no comenzaría hasta mediados del XVI, gracias en parte a las nuevas técnicas de extracción de la plata traídas por los españoles. Las exportaciones de plata crecieron de tal forma, que Francisco Javier en una carta de 1552 se refiere a Japón como la "isla de plata", la única de su tipo en el mundo. A partir del siglo XVIII, la mina empezó a mostrar signos de agotamiento y únicamente se hacían extracciones de cobre. La mina se cerró en 1923. aunque debido a la falta de materias primas durante la guerra, se reabrió en 1937. Se continuó extrayéndose cobre, hasta que en 1943 unas lluvias torrenciales inundaron múltiples galerías, forzando el cierre definitivo en 1945.

Con el cierre, los últimos trabajadores y sus familias se marcharon, y la zona entro en un estado de abandono que ayudó a preservar un encanto que fue reconocido con su inclusión como patrimonio de la humanidad en 2007. Un paseo por los numerosos templos y pozos de extracción es una vuelta al pasado, en concreto, al periodo Edo. Una época de aislamiento y autarquía que exprimió hasta el máximo los limitados recursos naturales de Japón. Afortunadamente el tiempo ha reconstruido la zona, y las diferentes mina se encuentran hoy en día enclavadas entre bosques en donde sólo el acceso peatonal es permitido. No hay que tener mucha imaginación para ver como sería esta mina en su época de febril actividad, en donde la madera era un bien al servicio de la producción, como se recoge en la película de animación "La princesa Mononoke".

La visita me llevó toda la mañana, por lo que sin tiempo que perder, deshice el camino del día anterior, y me dirigí de nuevo hacia el museo de fotografía Shoji Ueda. Afortunadamente esta vez si que estaba abierto, y pude disfrutar de su magnífica exposición permanente de fotografías, alojada en esta hermosa atalaya de hormigón con vistas al monte Daisen.

Entre la colección, descubro una colección de fotos que pese a no ser de sus más famosas, dicen mucho de este genial fotógrafo. Shoji Ueda empezó como un fotógrafo amateur haciendo retratando la pobreza de su tierra natal de Tottori. En cierta ocasión, un fotógrafo profesional de moda llegó al desierto de Tottori con toda tu troupe de asistentes y modelos con la idea de hacer un reportaje de moda en tan pintoresco paisaje. Shoji Ueda también estaba allí, y fue retratando a su estilo a tan singular colección de personajes llegados de la gran ciudad. El resultado fue una serie de fotos en donde se aprecia el contraste entre el fotógrafo artesano pendiente al detalle, y el de la superficialidad del fotógrafo profesional de moda. Toda una delicia.
El tiempo en el museo de se me pasó volando, y casi sin darme cuenta los bedeles me estaban echando amablemente al tiempo que me contaban batallitas de Shoji Ueda, complacidos de que un visitante extranjero haya peregrinado desde Tokio con el único fin de ver el museo, ¡y por dos veces!.
Estaba anocheciendo. Por un momento pensé en volver a las dunas de Tottori para intentar emular una vez más a Shoji Ueda. Pero un gris nubarrón que provenía de esa zona me hizo cambiar de idea, y decidí que era tiempo de cruzar la isla hacia la costa del mar interior de Seto.
La carretera 180 cruza las escarpadas montañas de Chugoku hasta Kurashiki. Una bella carretera flanqueada por ríos en su mayor parte, y en donde camiones sin control se deslizan a velocidades por encima de la ley. Pese a ser una carretera comarcal de montaña, apenas tiene curvas, lo que supone una alternativa gratuita a la autopista de peaje Yonago-Okayama. Frecuentada por camiones de gran tonelaje, la experiencia de cruzar estas montañas, lejos de ser una placentera experiencia, es una estresante persecución azuzada por camiones que no dudan en acercarse a menos de un metro a poco que te pongas a mirar el paisaje.
Por suerte llegué de una pieza a Kurashiki, y tras dar varias vueltas encontré un camping gratuito situado en medio de un parque público rodeado de enormes descampados. Un oasis en el desierto en donde instalé mi particular jaima, y me eché a dormir plácidamente pese a los varios perros callejeros que merodeaban alrededor de mi tienda.
Tiempo de viaje: 12h
Alojamiento: 0 yen







